Álvaro Lorenzo cuajó al tercero de Juan Pedro con el capote. Quiso torearlo muy despacio, con estética y con mando. Supo aguantar el toledano para cogerle el sitio, sin darle tirones pues era un punto blando. Después de firmar un inicio exquisito por su suavidad consiguió romperlo en cinco tandas enganchando muy adelante, sin tirones y con un trato exquisito. Enorme. Le hubieran pedido a buen seguro el segundo trofeo de no haber dejado una estocada corta y dos descabellos.
Bonito de hechuras y serio de pitones. El segundo tuvo la presencia típica enCuvillo, con seriedad tanto en la mirada como después en el comportamiento por bravo y enrazado. Apretó en la única vara que tomó y galopó en banderillas. En la muleta de Manzanares desarrolló las cualidades y de ahí radicó lo importante de la faena. Sobresalieron tres tandas sobre la mano izquierda de mucho mando, toreando con los vuelos y rematadas por debajo de la pala del pitón. Siempre con empaque y elegancia, la faena tomó cuerpo muy pronto. Bravo el tercero, exiguió a un Manzanares rotundo. El toro fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre y el alicantino paseó las dos orejas.
El primero estuvo bien presentado, algo acapachado y con cara. Enrique Ponce pudo torearlo con la capa a media altura y lo cuidaron en los primeros tercios ante la posible falta de fuerza que anunciaba. La labor del valenciano estuvo, precisamente, pendiente de esa anomalía pues siempre llevó al noble astado suave, templado y sin obligarlo. Muy buena fue una tanda por la izquierda, donde rompió a sonar la música. No estuvo acertado con la espada.
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