Su tarde resumió su temporada. Y su paso por el escalafón menor. Deslumbrante su capacidad y sobrados sus recursos frente al utrero, a Luis David Adame se le quedó chica una novillada de Guadaira con hechuras y complicaciones de cuatreño porque detrás de su engañosa movilidad, se escondió casi siempre genio y aspereza en sus embestidas. El mexicano desplegó sus armas en el coso manchego del que sale lanzado de cara a su alternativa en Nîmes, esta misma semana. Con un lote incómodo tuvo Pablo Aguado una tarde muy seria, que el presidente se encargó de ningunear, mientras Alfonso Cadaval estuvo digno frente a dos novillos de muy escuetas opciones.
Pese a su alzada, tuvo hechuras el castaño. Tendió a acostarse por el pitón derecho en el saludo capotero de Adame. Luego de un soberbio tercio de banderillas a cargo de Miguel Martín, el mexicano empezó su faena con pases cambiados en los medios. Un inicio vibrante que metió al público de lleno en una labor resuelta, de torero hecho, en la que resolvió con preclara inteligencia los defectos de una embestida incómoda, sin clase ni entrega. Como remató su obra de un certero espadazo, se hizo con la primera de la tarde.
Por cuajo y volumen, el quinto fue un toro en toda regla. Un animal que tuvo cierta nobleza pero nunca terminó de humillar. Le dejó Adame la muleta en la cara, sin darle otra opción que perseguir la muleta y así edificó su última faena como novillero, una labor cimentada en su oficio, capacidad y destreza, rematada además de un soberbio estoconazo en la suerte de recibir. El mejor broche para cerrar su carrera de novillero.
Muy agresivo por delante el primero, astifino, enseñando las puntas, Aguado lo saludó a portagayola antes de comprobar su carácter abanto en los primeros tercios de la lidia. Luego en la muleta, la movilidad del utrero no estuvo acompañada de clase, pues tendió siempre a meterse por dentro y soltar la cara a la altura de la hombrera. Estuvo dispuesto el sevillano, muy hundido en la arena, y tratando de buscar la estética pese a la descompuesta y molesta acometida del animal. Además se entregó en la estocada, jugándose la voltereta, o quizá algo más. Seria actuación del torero hispalense.
Alto de cruz, suelto de carnes, ligeramente tocadito de pitones, el cuarto tampoco se movió de modo acompasado de salida. Se gustó Aguado en un torerísimo quite por chicuelinas, media incluida, antes de comprobar la falta de recorrido del animal en su muleta. Exquisito el inicio por alto después del brindis al maestro Dámaso, para después tratar de aumentar su estrecho viaje dando sitio al animal y perdiendo pasos entre un pase y otro para dotar a su acometida de inercia, sin renunciar además a su concepto estilista. Pinchó en una ocasión y a eso de agarró de modo absurdo el presidente para denegar una oreja pedida de forma mayoritaria.
El tercero se partió una pata en el saludo capotero de Cadaval, y al remiendo de la vacada titular se le intuyó clase y tranco, virtudes eclipsadas en parte por una evidente descoordinación a la hora de tomar las telas. Anduvo digno el torero sevillano, pero esa falta de ritmo en las embestidas del astado deGuadaira, fruto de su merma, restó lucimiento a su labor. Otro novillo fuerte el colorado ojinegro que cerró plaza, que no humilló de salida y se quiso quitar el palo con mal estilo. Tuvieron empaque los muletazos de inicio de Cadaval para sacarse el toro al tercio, pero luego el animal acrecentó sus defectos de la falta de humillación y profundidad en la muleta del sevillano. La faena, a pesar de la voluntad del torero, terminó por diluirse.
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